He visto fragilidad, inseguridad, miedo, soledad, frustración y amor callado en un hombre. Un hombre al que no conozco de nada y con el que tampoco intercambie muchas palabras, pero pude ver en el, como en un espejo, lo que le sucedía al padre de mis hijos. He visto un dolor intenso, tristeza, metamorfosis, amor a raudales y mucha soledad en una mujer. Una mujer que se abrió como el azahar de los naranjos que la rodean y a la que pude conocer como a una hermana en un par de horas. Una mujer que me devolvió mi imagen, para poderme ver en ella y situarme. Ese hombre podría ser cualquier hombre …. y esa mujer cualquier mujer …. Y entonces pensé ¿Cuantos mas? ¿Cuantos hombres? ¿Cuantas familias han pasado por lo mismo que pasamos nosotros? Tras el nacimiento de mi primer hijo he sentido soledad. Una soledad inmensa que lo invadía todo. Una necesidad continúa y enraizada en lo más profundo de que me cuidasen, me protegieran, me mirasen, de que mi pareja escuchase atentamente mis sentimiento...